lunes, julio 04, 2005

Poesia

El domingo por la noche (y me parece que ayer fue domingo, pero no estoy muy seguro) me dediqué a escribir sobre mi viaje a Nanacamilpa. Debo decir que me gusto tanto el lugar (y como no si se encuentra en el precioso estado de Tlaxcala) que llené 2 hojas antes de comenzar algo verdaderamente interesante. Hoy proseguí escribiendo y llené otras 2, y a pesar de que el relato es bueno, sigo sin encontrarle algo verdaderamente interesante. Como sea no lo he terminado aún, y de repente me dio flojera seguir escribiendo, así que creo que por hoy estará bien que lo deje así, pero definitivamente cuando lo termine lo publicaré, muy a pesar de que sea extenso y nadie (o casi nadie) lo lea. Se que aparte de mis dos amigos que tengo que les gusta leer (aunque Sheila dice que ya no le gusta, pero no le creo), siempre habrá algún despistado cibernauta que caiga aquí por casualidad y lo lea todo de pe a pa. Hoy escribo aquí por que no quiero perder cierta continuidad, pero en realidad solo tengo una cosa en la cabeza desde ayer, y es sobre lo que escribiré: Yo.

Pues ayer, platicando con una muy buena amiga y recordando algunas cosas, me di cuenta de algo en mí que no me agrada. Me di cuenta de que caí en eso para protegerme, que es simplemente un escudo que pongo delante de mi para que las personas no me ataquen, para que no me lastimen; pero definitivamente la espada, que está hecha del mismo material, es desenfundada de vez en cuando y no solo me previene, si no que aparta a todo el mundo de mi alrededor. Esta señorita me ayudó un poco a darme cuenta de que esa espada está siendo esgrimida con mayor continuidad últimamente. El choko me dijo hace poco que me cierro mucho, y yo le dije que no es que me cierre, si no más bien que he olvidado lo que es el amor. Creo que todo esto se relaciona, y Fer me dijo que si me vuelvo indiferente voy a terminar frío y alejando a todo mundo de mi, como el. Todo esto descansa en mi cerebro, tratando de ser procesado para después utilizarlo.
Hace un rato me eché en la cama. No tenía ganas de prender la TV, ni de cambiarme la ropa con la que me duermo, ni de tender la cama, ni de almorzar, y lo más preocupante es que no tenía ni ganas de escuchar música. Me puse a pensar en mí, en lo que me dijeron anoche, en lo que he cambiado, en lo que era, en miles de cosas sobre mi vida, y de pronto recordé un bello poema de Jaime Sabines. Me levanté de un salto busqué entre mis libros: Jaime Sabines, “Recuento de Poemas I”, “Yuria” y “Poemas Sueltos”. Nunca encontré el poema, por que en realidad nunca lo recordé. Recordé solo el sentimiento que me traía al leerlo, y sabía que si lo volvía a leer lo reconocería al instante por que me sentiría igual. Pero me llevé una gran sorpresa al darme cuenta de que muy a pesar de todo lo que leía, no experimentaba sentimiento alguno. Mis estado de ánimo no cambiaba, no me emocionaba, no sentía nada al recordar a tía chofi, al Mayor Sabines o a Tarumba. Y me di cuenta entonces de que tenía un problema aún mayor de lo que pensé, y me pregunté ¿en que momento olvidé lo que es la poesía?, ¿Cuándo dejé de amar? ¿Cuándo comencé a alejar a todo el mundo de mi?. Y entonces llegaron a mi corazón las palabras del choco y del fer finalmente procesadas. Me tumbé a ver X 1999 y luego a leer a García Marquez, y al darme cuenta de que no podía razonar muy bien, decidí que lo mejor sería salir a caminar bajo la ligera lluvia de la tarde…

Solo por recordar la poesía decidí escribir un poema que yo recuerdo que me gustaba mucho, y ojaá pronto recupere mi gusto por la poesía, por que aunque en la actualidad no le encuentro sabor, se que sigue siendo hermosa:


"20 poemas de amor y una canción desesperada"
Pablo Neruda
Poema XV

Me gustas cuando callas por que estas como ausente
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas estan llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estas como distant
y estas como quejandote mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza;
dejame que me calle con el silencio tuyo.

Dejame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, símple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada
tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas por que estas como ausente
distante y dolorosa como su hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La poesia provoca un amor instantaneo, el saber indudable que por dentro todavia puedes sentir. Llevo 20 minutos de leerte y creo saber un poco de ti (o me agrada pensarlo). Tu manera de escribir, debo recalcar, es algo digno de admiracion, tan fluida y elocuente. Y casual, quien escribe casualmente cuando ahora las florituras se desprecian y abunda lo vulgar? Felicidades, creo, y seguire estando al pendiente de tus 2 sucursales de The fourth avenue cafe (una cancion muy de mi agrado).