viernes, julio 08, 2005

Walk on

Últimamente no me ha dado mucho por escribir, pero ha ido en un grave aumento mi pasión por caminar. El texto de Nanacamilpa sigue inconcluso, pero he encontrado un par de cafeterías pequeñas y cómodas en alguna de mis caminatas sin objetivo. Le encuentro un enorme gusto al salir a caminar por el pequeño espacio de Texcoco sin un rumbo ni dirección establecidos, a donde los pies me quieran llevar; pero jamás pierdo el objetivo, y es que a pesar de no tener a donde ir, tengo una razón de por que camino, y eso es lo que lo hace hermoso. Ok, estoy comenzando a debrallar en mi escrito, mejor lo dejo así, en la simpleza del gusto por caminar sin sentido.


Mi tercer clase en aquel instituto tan reconocido, según yo por la gran publicidad que tiene, principalmente en la TV. De cualquier modo debo decir que las clases son buenas, y que estoy aprendiendo, tal vez un poco lento, pero estoy aprendiendo. Lo mejor de la clase es el horario: de siete treinta a nueve de la noche. Salgo de mi clase bajo la oscuridad de una cálida noche de verano. El viento es suave y húmedo, muy acogedor y tibio para respirarlo por el resto de la noche y desaparecer por completo bajo la magia de mis propios pensamientos. Camino con toda la tranquilidad que me es posible, una calle tras otra, escuchando únicamente el ruido de mis tacones y algún automóvil que pasa a mi lado. Finalmente llego al centro de mi “pueblucho feo y aburrido”. Las personas se pasean atraídas por las bellas flores que han sido plantadas recientemente. Las enormes Jacarandas cubren el cielo con sus diminutos foliolos y las gotas de agua que han guardado para salpicar en la nariz de una pareja de enamorados que se besan sentados en una banca. A su alrededor está lleno de carritos de “Hot dogs” con uno o dos clientes cada uno. Los faros alumbran las banquitas de cantera donde nadie se sienta por ahora y el frío adoquín empapado por la delicada lluvia de hace unos minutos. El kiosco que normalmente se llena de grupos de personas que suben simplemente a platicar está ahora vacío, pero las fuentes se rodean de parejas que se besan sin algún problema de ser vistos por los pocos vagos como yo que van pasando. Es un bello lugar sencillo y resaltado únicamente por las pequeñas flores coloridas, para pasar una buena noche de insomnio. Y una muy buena razón para pasar caminando por ahí noche con noche después de un largo día de lo que sea. “Parece mentira que haya tanta vida en este lugar, que felicidad; parece mentira que entre tanta gente en esta ciudad, no tenga a nadie con quien compartir…”. Y el único problema con un lugar tan bello y con el delicado viento cálido y húmedo que pocas veces se tiene en Texcoco es no tener a nadie con quien compartirlo, tener que caminar solo de nuevo, vagando únicamente conmigo y mi alter ego abochornado, fantaseando con tener a una delicada chica que pueda compartir ese simple y sutil gusto conmigo llamado vida, y que comparta mi idea de que todo eso se puede expresar en un bello árbol, en una gota de lluvia, en un beso o hasta en la sonrisa de un niño. Y sigo vagando solo escuchando de nuevo el ritmo de mis tacones que resuenan por el torcido callejón de los ebrios y los maltratados; un bar, una cantina y una pulcata, y al final de la calle otra más solitaria y después mi casa. Subo por las escaleras que a esa hora parecieran abandonadas hace años y entro a la soledad de mi familia. Me encierro en mi cuarto, me tiro en la cama y cierro los ojos solo para recordar que mis fantasías no son ciertas, que mi soledad es real, y que si me esforzara podría hacer algo para cambiarlo…
…si es que en verdad me interesara cambiar mi aburrida soledad…

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