martes, agosto 16, 2005

Ego

A veces uno no alcanza a imaginarse la cantidad estratosferita y desorbitante de cosas que puede aprender de lo más sencillo de la vida, como caminar. Uno camina para dar un paseo, para hacer ejercicio, para conocer lugares, para llegar a algún lugar, etc. Pero teoten (osease yo mero) siempre tiene un toque de sencillez distinto al normal en todo lo que hace. Uno puede caminar sobre las vías del tren solo para divertirse, entretenerse, sentirse grande, mejor que los demás o superar su propio record. Y así es como comenzó esta historia, cuando después de caminar 1.6 km sobre un riel de tren, teoten quiso aventarse los 2 km… ¡Y lo logró!

Y una persona bien aferrada a sus cabales podría decir “Que tontería es esta”, y claro, que no se puede sacar nada de provecho. Pero este hombre terminó aprendiendo muchísimo al caminar. El camina para conocerse a si mismo, para darse tiempo, para platicar, para buscar dentro de si. Y fue así que el superarse a si mismo caminando 2 Km sobre en riel de tren sin caerse puso en duda muchas cosas y aprendió muchas otras, y comenzó una manera muy distinta de pensar, de superarse y ser mejor.

La historia se remonta a la preparatoria cuando el chico comenzó a meterse ideas de rebeldía. Pensar en satisfacer solo a si mismo, estar bien con los que quiere y… ya. Esto le hizo descuidar la escuela entre otras muchas cosas. Sus calificaciones eran mediocres, o definitivamente bajas. Pensaba que solo valía la pena esforzarse por las materias de su gusto y no por las demás. No complacer a los profesores y no hacer lo que los demás quieren que hagas. Esta era su filosofía.

Entendió que esto le afectaría, que así no podría terminar una carrera que era lo que tanto quería, que necesitaba buenas calificaciones para hacer lo que realmente deseaba; y sobre todo que tenía ganas de aprender. Así que el muy iluso comenzó a esforzarse más, a hacer tareas, a estudiar para los exámenes. Pero había olvidado como hacerlo. Esto le mantuvo alejado de reprobar materias enteras, pero sus calificaciones eran mediocres y estúpidas y el quería más. Aún así seguía adelante y conforme se especializaba más, más le gustaba la carrera. Se fascinaba conociendo la fisiología de las plantas, la manera de hacer mediciones forestales, la importancia de los suelos para el bosque. Buscaba la manera de poder hacer algo en pro del ambiente y disfrutar los bosques de paso.

Así que un día, caminando por las vías del tren descubrió el gran secreto que tanto tiempo había estado escondido dentro de el. Se dispuso a probarlo en un sencillo examen de Muestreo, una de las materias más difíciles para sus compañeros. Sencillamente se sentó en su lugar, tranquilamente a resolver los problemas y salió satisfecho de si mismo, seguro de que no sacaría una calificación muy buena, pero que al menos era aprobable. Su ego y su orgullo recibieron una enorme sorpresa el día en que el profesor entregó las calificaciones. Aproximadamente 8 compañeros reprobados, y muchas calificaciones alrededor del 7. Nunca supo con exactitud las calificaciones de sus compañeros, solo supo que el tenía un fabuloso 9.8 que elevó su propio ego por los aires. Escondió la prueba y no respondía cuando preguntaban su calificación. Pero el profesor tuvo que reconocer que el único que había entendido como responder a la ecuación de T era Teodoro, y presumió de su calificación. Los compañeros quedaron atónitos, jamás lo hubieran esperado de alguien tan mediocre y callado. Teoten simplemente disimuló humildad, pero por dentro estaba fascinado sabiendo que sus compañeros estaban asombrados, y que más de uno sentía celos por alguien tan mediocre y tonto como el. Y lo mejor del caso era que no se había esforzado, había obtenido esa calificación con la misma tranquilidad con la que había caminado 2 km sobre las vías del tren.