"En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma"
sábado, julio 30, 2005
Don Piris
Don Piris era un señor robusto de huesos grandes con manos pesadas y voz muy fuerte. Se notaba claramente su descendencia española. Nació en 1937 en Extremadura, España, y después de pasar la mitad de su niñez escondido en una cabaña alejada de la civilización a causa de la Guerra Civil, salió rumbo a México con sus padres, los 3 como exiliados políticos durante el Éxodo de 1939, aunque fue años después cuando ellos abandonaron las tierras europeas.
Se instalaron en un pequeño pueblo cerca de la ciudad de México. Texcoco estaba rodeado de ranchos y enormes extensiones de tierras cultivadas, y teniendo tan cerca la Universidad de Chapingo, las actividades agropecuarias eran lo que mantenía con vida al pueblo. Así que no pasó mucho tiempo para que don Manuel Teodoro Piris consiguiera un rancho de buen tamaño. Y así vivió el resto de sus días, en un país desconocido que acogió como suyo, cultivando la tierra y criando vacas y viendo crecer a su hijo José. Todos en el pueblo conocían a don Manuel como Don Piris, y al parecer no solo era su identidad, si no la de su prole. Y fue así que el titulo de Don Piris pasó años más tarde a su hijos José, a pesar de que el ya no llevaba el apellido Piris.
El tiempo hizo lo suyo y José terminó casándose con Guillermina Méndez, una mujer Jaliciense que trabajaba en la Universidad. Juntos instalaron una forrajera que les dio de comer a ellos y a su descendencia. Tuvieron 3 hijos y después 2 mujeres. Don Manuel falleció después de nacida la última niña y ya jamás pudo conocer a su sexta nieta. José perdió el rancho en un juicio legal contra la nueva concubina con quien Don Manuel contrajo matrimonio en México después de fallecida su esposa y tan solo se quedaron con todo el terreno de la forrajera y la casa. Con seis hijos encima, decidieron vender la casa y construir en los terrenos de bodegas una nueva casa para toda la familia. Llamaron a la forrajera “Forrajes Piris”, y todos en el pueblo (que eran muy pocos en aquel entonces) comenzaron a conocer a José como Don Piris.
Aparte de la forrajera, Don Piris tenía otros negocios como la fotografía y la caza. Como los hombres eran también los 3 más grandes, eran ellos quienes debían aprender todos los oficios y trabajos que a su padre se le pudieran ocurrir para sacar adelante a la familia. Don Piris era un hombre de mucha iniciativa y una enorme imaginación, además de muy activo y curioso. Y por estas razones nunca faltó el pan en la mesa, pues siempre encontraba nuevas cosas en que entretener su tiempo y ganarse unos billetes a la vez. También le gustaba mucho viajar, y era una persona muy sociable. Todos en el pueblo lo conocían por que a donde quiera que fuera se daba a conocer y se hacía escuchar. Le gustaba jugarse volados con los merengueros, y llevar a su primer nieto kilómetros caminando para traer leche fresca de vaca.
Su carácter era recio y muy fuerte, como buen español. Cuando levantaba la voz parecía que gritaba, y cuando realmente se enojaba (que fuera al menos 7 veces por semana) parecía que cientos de bestias salvajes inimaginables estuvieran peleando por un solo trozo de comida. Aunado a su pesado carácter que dejó traumas en sus 6 hijos, y que se transmitió aún a algunos de sus nietos, estaba su peculiar gusto por la comida. Como buen español, siempre disfrutó de las fuertes carnes y los embutidos. Disfrutaba también de las deliciosas comidas mexicanas, pero de vez en cuando había paella o fabada en la mesa. Fue así que sus continuos y fuertes corajes, y su pesada dieta trajeron consecuencias y don Piris se hizo un hombre diabético.
Dicen que cuando nació su primer nieto calmó mucho su carácter. El niño se llamó Manuel, igual que su padre (José Manuel, el primogénito), pero no era está la razón: le pusieron Manuel en honor al abuelo Piris. Don Piris era ya un hombre grande, maltratado por la vida que llevo, por los años y por la enfermedad. Era un hombre viejo físicamente, pero espiritualmente nunca envejeció. Y parece que con su nieto rejuveneció un poco. Se divertía jugando con el y pasando días enteros con el niño, y en ocasiones el mismo se comportaba como un niño.
Manuel era un pequeño tranquilo y muy callado. Le gustaba mucho observar todo lo que ocurría a su alrededor y permanecía atento a todo lo que pasaba. Divertía mucho a Don Piris contándole chistes de políticos que aprendía de sus profesores en la escuela primaria. Por la condición de sus padres, Manuel vivía en Morelos, con su abuela materna, pero cada que tenía vacaciones viajaba a Texcoco para ver a su abuelo. Se divertía jugando con los tractores de juguete que tanto le gustaba coleccionar al viejo. Pasaba horas sentado observando el fabuloso tren de juguete que solo su abuelo podía echar a andar, y le ayudaba a construir nuevas maquetas y paisajes para que los pasajeros ficticios viajasen. Todos los nietos eran uno un año menor que el anterior, pero a pesar de eso Manuel siempre fue uno de sus favoritos. Cuando Manuel apenas tenía 6 años nació Melissa, una niña callada y muy inteligente, hija de Maribel, la 5ª de la familia. Ellas vivían en Texcoco, y pasaban más tiempo con Don Piris, y al parecer también desarrollo un cariño muy especial por la niña.
El tiempo siguió pasando y con cada año Don Piris se cansaba más. Cerraron la forrajera y la convirtieron en 4 locales para el comercio. Con sus hijos ahora maduros y casados, la vida era más sencilla para Don Piris y su esposa, y vivían de lo que les dejaban las rentas de los locales. Pero el ingenio y la imaginación del gran hombre no le permitieron envejecer jamás. Se dedicó a pintar de bronce todos los artefactos de metal que tuviera y los juntó en una sola colección. Comenzó a comprar autos miniatura y armó su colección. Pasaba horas trabajando en el taller construyendo algún útil de madera. Salía con su bastón a caminar y a platicar durante horas con sus amigos o conocidos. Le gustaba mucho jugar al dominó, y cuando no tenía con quien jugar les enseñó a sus nietos, no solo a mover las fichas y acomodarlas como debía ser, si no a jugar realmente. Se compró una motocicleta, y una vez que la tuvo domada, le adaptó un carrito en la parte de atrás, y a pesar de los reclamos y las quejas de sus hijos y su esposa, subía a sus nietos a dar una vuelta. Adaptó un bastón para no tener que estar regañando a sus nietos todo el tiempo por sus travesuras, y le adaptó unas baterías para que diera ligeras descargas eléctricas por la punta, con las que no sólo reprimía, si no que también jugaba y los asustaba.
Un domingo, a sus 60 años, la enfermedad lo superó, y no se sentía en condiciones de levantarse. Acudieron sus hijos Manuel y Víctor, en compañía de sus esposas, y doña Guille llamó a su doctor. No sirvió de mucho que llegara y hablara con el, pues unas horas después, el 25 de Octubre de 1997 Don Piris cerró los ojos para siempre. El doctor dijo que fue un paro cardiaco provocado por la diabetes, pero que no había sufrido en lo más mínimo. Murió ahí delante de sus hijos y fue como si simplemente hubiera cerrado los ojos para dormir, pero nunca los volvió a abrir. Es la muerte más tranquila que he conocido en mis 19 años de vida.
Podría escribir una Novela entera hablando de mi abuelo, pero solo escribo para recordarlo un poco por que hoy, al ver a ese señor que se le parecía un poco, me acordé de el. Y me alegro de haber nacido antes que todos mis primos, por que yo tuve más Don Piris para disfrutar; pero creo que también lo extraño más que los demás.
miércoles, julio 27, 2005
Sick
Me incorporo en la oscuridad buscando los huaraches a palpos. Me levanto y agarro el primer pantalón y la primera playera limpios que veo para cambiarme. Tengo los labios partidos. Enciendo la luz y me pongo los calcetines y los zapatos. Todo se ve borroso y misterioso. Abro el refrigerador para almorzar y solo saco la leche. Me sirvo unos fabulosos corn pops y como. Agarro las 3 libretas de arriba sin importar si son o no las de hoy y las meto a la mochila. Me despido de mi madre y salgo de la caza, y al cerrar la puerta me doy vuelta y comienzo a tocar. Me abre mi madre envuelta en su bata azul y yo entro hasta mi cuarto por las llaves, el dinero y el teléfono celular por si acaso. Camino por las calles con tranquilidad, a pesar de que es un poco tarde. Me bajo del micro a las 7:30 y avanzo bajo el cielo gris y la mañana fría. Camino con calma a pesar de que la clase ya a empezado. Al llegar a la DICIFO me doy cuenta de que me he olvidado el horario y decido buscar el salón al azar. Lo busco en el lugar correcto y no tardo mucho para entrar. Pido permiso y al ver al profesor demasiado entretenido en la clase, me respondo yo mismo y entro.
Dentro, un hombre delgado y poco alto da una charla. Habla sobre las lecturas y las exposiciones, y el modo de evaluar. Me reconforta el hecho de que “nadie debe estar ahí por obligación” y que no pasa lista nunca. Parece un hombre alegre y contento de dar clases. Siento demasiada congestión nasal y salgo al jardín a sonarme con papel. Me quedo un rato sentado bajo un frío pirul y decido regresar al salón. Entonces veo salir a Miriam y al preguntarle a donde va me dice que solo a ver como estoy. Nos quedamos afuera platicando un rato. Me da la excelente noticia de que mañana entramos a las 9:30. Volvemos al salón y un rato después y hablando sobre la segunda guerra mundial termina la clase. Salimos todos en bola como siempre. Le pregunto a Heriberto si mañana no habrá genética y me da la respuesta que yo esperaba. Espero que pasen todos mis compañeros y me dirijo a la parada de los micros.
Los párpados me pesan y me siento muy cansado. Llego a la casa y mi madre aún está en la casa. Me dice que me haga un agua de Limón y que me cuide, luego se despide de mí. Me quedo solo en la casa con mis desesperantes virus inertes. Entro a mi cuarto, prendo la computadora, abro el Bit Torrent e inmediatamente después me quedo dormido.
Alrededor de las dos de la tarde me despierto. Todo parece borroso. Al parecer no había dormido tan bien en mucho tiempo. Y tampoco había actuado con tanta calma, paciencia y tranquilidad en mucho tiempo. Me dedico a hacerme de comer y a hacer mi agua de limón. Termino de comer y me dedico a escribir sobre la paciencia y tranquilidad. No quiero dormir por que sería una perdida de tiempo. Luego decido que estoy demasiado cansado, que no me siento bien y que sería mejor descansar, así que vuelvo a tirarme en la cama para dormir. Abro los ojos nuevamente y decido que si salgo a la calle puede ser fatal para mi, por lo que no iré a mi clase de ingles en un día tan nublado y en el estado en que estoy. Me revuelco en la cama y decido levantarme un rato.
El agua de limón me arde en la garganta como si tuviese heridas interiores. El día está gris y nada parece ser normal. Las figuras se dibujan como sombras borrosas que apenas alcanzo a entender. El aire es sucio y no puedo respirar muy bien. Las voces de las personas a lo lejos son como ecos lejanos y miserables. Nada tiene sentido. Si cierro los ojos para tratar de dormir, veo a una mujer jugando conmigo. Y entonces no me dan ganas de abrirlos. Me veo jugar con ella en un pasillo entre una piscina y un gimnasio, peleando alegremente por su pulsera con “ojitos” que tiene puesta en una muñeca. Algunas de sus compañeras nos observan curiosamente y lanzan risitas ofensivas, pero no nos importa, seguimos jugando. Y el mismo juego nos coloca en una posición de la que jamás quisiera salir. La abrazo por la cintura y coloco mi cabeza sobre su hombro. Estoy seguro de que si no hubiese tanta gente la besaría sin piedad. Pero como no puedo me siento mal y trato de separarme; pero al parecer mi brazo ah quedado atrapado entre su delicado pero fuerte brazo que no quiere que la suelte. Entonces la abrazo con más fuerza para demostrarle que no quisiera dejarla nunca, que quisiera tener su delicado cuerpo de muñeca pegado al mío para siempre, que podría darle todo lo que me pidiera para fundirnos en un solo y viajar por zonas nunca exploradas por seres humanos, por zonas que solo pueden ser vistas por locos extraños como nosotros y demostrarle que a mi lado puede caerse el mundo entero, pero aún así no permitiría que nada la tocase. Veo su bella sonrisa de niña y su profunda mirada misteriosa. Respiro de su suave aroma y me doy cuenta de que no abrazo a una niña, si no a una señorita, o a una hermosa mujer. Me lleno de miedo por el recuerdo y abro los ojos inmediatamente. La enfermedad ha hecho de las suyas trayendo algunos recuerdos de antaño; por un lado tengo mucho que agradecer, pero por otro tal vez no quería recordar algo así. Vuelvo a mi habitación solo con el pesado aire sucio que tanto me molesta y viendo todo borroso otra vez. Y así envuelto en virus de gripa y malestares psicológicos, recuerdo como estúpidamente me enamoré de esa bella y extraña mujer.
lunes, julio 25, 2005
Quietud
Como siempre, me dio mucho gusto platicar con Citlalli, así que fuimos a comer juntos y luego nos acompañamos mutuamente a realizar distintos deberes que cada uno debía realizar. Pero lo mejor del día fue un comentario que ella me hizo y que definitivamente me calló como perla. Me contó que en las vacaciones había estado leyendo sobre miopía y astigmatismo, y encontró que las personas que usan lentes suelen volverse nerviosas, y entre más tiempo tengan usando lentes, más nerviosos son. Esto se debe al efecto que causan los lentes de alterar la vista y engañar al cerebro. Me explicó a grandes rasgos lo que ella entendió, pero dice que está científicamente comprobado, y que solo llega ser una excepción en las personas que llevan casi toda su vida usando lentes. El comentario agradable fue que al leer esto, ella inmediatamente pensó en mi y se aseguró a si misma que yo definitivamente no uso lentes.
Lo grato no fue que se halla acordado de mi en las vacaciones o que yo halla sido la primer persona que le vino a la mente. Me resulta curioso que ella (y en general todo el grupo) piensan que soy una persona muy tranquila que se toma las cosas con calma. No es que esto sea 100 % cierto, pero si tiene mucho de verdad. Lo mejor del comentario fue que me recordó algunas cosas que yo llevaba tiempo tratando de recordar, pero que no sabía como. Y de pronto, como una estrella caída del cielo, me vino este comentario y junto a el los recuerdos clave de lo que yo estaba buscando.
El resto del día fue más sencillo y tranquilo. Al parecer todo salía bien por la nueva actitud que estaba tomando. Pasé algunos minutos pensando; a mi me hubiera gustado que fueran mas, pero desgraciadamente mi dolor de garganta hizo su trabajo y quedé dormido inmediatamente. Hace unos minutos leí algunas muchas cosas que no me agradaron, y unas pocas incluso me hicieron sentir un poco mal. Pero al parecer cada día es más difícil encontrarme algo que pueda destrozar mi vida… otra vez. La verdad es que todo va por buen camino, lo suficiente como yo lo quiera llevar, y por monótona o aburrida que llegue a parecer a veces, las apariencias engañan, y mi vida me gusta mucho tal y como es, y también tal y como va. Ya veremos que trae el futuro próximamente. Como dice un viejo proverbio chino “Sentado en quietud, no haciendo nada, la hierba crece por si misma”.
domingo, julio 24, 2005
Cursilerias
Otro servicio relax, prácticamente en la sombra y marchando muy poco, platicando muy a gusto con el Subteniente Limón. Un rato de descanso en la deportiva viendo jugar a las personas y echando relajo con los cuates del servicio. Un capitulo más de “Dead like me”, interesante como siempre, pero extrañamente esta ves no me dejó ningún tipo de cicatriz. Un rato curiosamente agradable planchando y arreglando mi uniforme para tenerlo bien presentable por primera vez en mucho tiempo. Una sabatina con esas mocosas con las que tanto me agrada estar, a pesar de que tienen algún tornillo zafado y su cerebro no carbura bien, pero que definitivamente son pura alegría y cariño con patas y uniformadas de verde. Un buen rato con los amigos de rojo con lo que siempre he podido platicar a gusto. Un Jaime haciéndome burla indiscretamente cuando alguien dijo que me gustaba una expedicionaria. Unos troperos saludándome con su guía desaparecido que hace mucho que no veía. Un expedicionario saludándome muy alegremente por que soy “La única persona a la que entiende” (Siendo que a veces ni yo mismo me entiendo).
Y después de un sábado tan común en este año, lo más gratificante fue tener tu sonrisa frente a mi al menos 2 horas, y dedicada solamente a mi. Ver tus hermosos ojos y descubrir todo un mundo esperando que yo toque cada detalle, uno a uno con mis palabras. Caminar a tu lado en la hermosa noche nublada y fría. Tenerte para mí, y solo para mí, al menos por un instante, por un efímero momento guardado aquí en mi pecho. Descubrir que la vida es tan sencilla como uno quiere que sea, y que no vale la pena mortificarse por algo o alguien teniéndote a ti al lado. No hay nada, no ha pasado nada aún, pero tengo bastante tiempo para recordar por que el cielo no es tan difícil de alcanzar. Para traer de nuevo ese ligero toque que le falta a mi vida para que esté completa y disfrutarla más. Para hacer a un lado mis ataduras de hombre y mis problemas existenciales por un rato, y dedicarte más tiempo a ti.
Podrá sonar tonto, lo se, pero creo que eso es lo que quiero. Han pasado tantas cosas por mi vida, y a pesar de lo que se puede desatar en consecuencia, y de lo que pueda pasar en el futuro, por ahora, solo me concentraré en disfrutar el momento y dejar que las cosas fluyan por si mismas como lo han hecho hasta hoy. Todo parece aclararse y dibujarse un poco más sencillo, y aunque el futuro aún es incierto, el presente es hoy.
domingo, julio 17, 2005
Sabatina
- ¿Sabes que tiene Teoten?
- Si te digo yo me voy a reír mucho Karen, así que mejor pregúntale a otra persona.
- Teoten ya vámonos – reclama Nelly al tiempo que me jalonea de la mano
- Entonces que teoten, ¿si vamos a ir a dar el rol a un congal?- pregunta Jaime cuando ve que alguien se apodera de mi.
- ¿Los veo en el Sanborns no? – le respondo apuradamente, señalando a la chica que me lleva de la mano.
- Que tranza, ya decidimos que nos vamos a ir a dar el rol a todo el país- dice lalo muy confiadamente seguido por su “bolita” de 4 - ¿no vienen?. Órale pinche teoten, vámonos a Veracruz.
- Ustedes no se van a Veracruz de rait, pero neta que si se van aquí a la carretera si agarran algún trailero y para mañana ya estas en el puerto.- respondí con toda naturalidad.
Y comenzamos a caminar. No supe si el rumbo era hacia la carretera a Veracruz o al Sanborns, pero ambos quedan de paso. Lo que supe es que al ver a Nelly abandonarme y jalar como siempre con el angustias y lalo, lo tomé como la excusa perfecta para darme a la fuga y re encontrarlos más tarde en la plaza San Pablo. Entré a mi casa apuradamente para tomar el libro de actas (que por cierto nunca usé) y avisar a mis jefes que llegaría tarde (y es la ventaja de que nadie pregunte a que hora es tarde), y a bajar las escaleras de nuevo.
¿Por qué de pronto me buscan tanto?, ¿Por qué tan solicitado así nada más, de repente?. Afuera había muchas personas queriendo estar conmigo. Seguramente sólo por compromiso, o por que no había nadie más, o nadie más interesante, o solo para tener algo que hacer o para pasar el rato, o simplemente para no ir a sus casas, o para ir. Y en cambio yo solo podía pensar en una persona que, curiosamente, siempre me hace sentir bien. Quería verla, platicar con ella, saludarla, abrazarla, mirarla a los ojos, escucharla y platicar. Pero parece que tengo que esperar al menos una semana más. De cualquier modo salí de nuevo para toparme con la sorpresa de que Nelly me esperaba afuera de la puerta sólo por que no se podía ir sin mí. Y lo peor fue que paró a toda la comitiva que la acompañaba solo para esperarme. Como si realmente importara yo tanto. Al menos parece que para ella si.
De cualquier forma, Nelly fue el pretexto perfecto. Después de ir a comer unos helados al M’c donals y saludar a algunas personas todos comenzaron a irse. Los 4 locos que se irían de gira (seguramente al bar más barato que encontraran, y solo para emborracharse), Karen en un Taxi para irse a su casa, Jaime a ver su Jersey de Alemania. Todos, uno a uno se fueron desafanando, hasta que sólo quedamos 3.
-¿Entonces si me vas a ir a dejar a mi casa teoten?
- No Nelly, vives muy lejos. ¿Aquí te quedas Erica?
- Si, ya me voy a mi casa
- Vamos al centro a dejar a Nelly y luego yo te vengo a dejar
- Bueno – respondió con el tono alegre y confiado de siempre.
Y después todo fue más fácil. La plática de Nelly había perdido importancia y me alegré un poco al saber que su madre estaba en la esquina y que se iría con ella a la casa. Nelly es muy buena compañía, le he desarrollado un cariño bastante extraño a esa mujer; pero en esos momentos yo tenía una mejor compañía. Entonces no tendríamos que acompañarla más y nos quedamos solos, platicando tranquilamente alrededor de 4 cuadras.
Aún me resulta extraño como podemos platicar tan cómodamente a pesar de no tener nada de que hablar. Pero entre ese nada, sus historias y mis reclamos, me gané una cena para 2 el próximo sábado.
No es lo mejor del mundo, pero si una buena oportunidad de lo que parece que estoy buscando. Se que si me esfuerzo las cosas saldrán bien. Todo parece ir cobrando forma nuevamente y aclararse. Las sombras borrosas de siempre toman forma y empiezo a comprender. La idea de este sábado era mandar todo al nabo y perderme en mi hermitañedad por un largo rato, pero una simpática chica con un muñeco Gay y una extraña alegría contagiable cambió mi estado anímico. Después todo se volteó un poco y las cosas se van para el próximo sábado, donde independientemente de lo que diga Juana, Pepe, chucha o la papaya cósmica, e independientemente de lo que mi consciencia pueda pedir, yo me desaparezco terminando sabatina con una buena compañera. Ya veremos si realmente regresó.
martes, julio 12, 2005
Yo decido
viernes, julio 08, 2005
Walk on
Mi tercer clase en aquel instituto tan reconocido, según yo por la gran publicidad que tiene, principalmente en la TV. De cualquier modo debo decir que las clases son buenas, y que estoy aprendiendo, tal vez un poco lento, pero estoy aprendiendo. Lo mejor de la clase es el horario: de siete treinta a nueve de la noche. Salgo de mi clase bajo la oscuridad de una cálida noche de verano. El viento es suave y húmedo, muy acogedor y tibio para respirarlo por el resto de la noche y desaparecer por completo bajo la magia de mis propios pensamientos. Camino con toda la tranquilidad que me es posible, una calle tras otra, escuchando únicamente el ruido de mis tacones y algún automóvil que pasa a mi lado. Finalmente llego al centro de mi “pueblucho feo y aburrido”. Las personas se pasean atraídas por las bellas flores que han sido plantadas recientemente. Las enormes Jacarandas cubren el cielo con sus diminutos foliolos y las gotas de agua que han guardado para salpicar en la nariz de una pareja de enamorados que se besan sentados en una banca. A su alrededor está lleno de carritos de “Hot dogs” con uno o dos clientes cada uno. Los faros alumbran las banquitas de cantera donde nadie se sienta por ahora y el frío adoquín empapado por la delicada lluvia de hace unos minutos. El kiosco que normalmente se llena de grupos de personas que suben simplemente a platicar está ahora vacío, pero las fuentes se rodean de parejas que se besan sin algún problema de ser vistos por los pocos vagos como yo que van pasando. Es un bello lugar sencillo y resaltado únicamente por las pequeñas flores coloridas, para pasar una buena noche de insomnio. Y una muy buena razón para pasar caminando por ahí noche con noche después de un largo día de lo que sea. “Parece mentira que haya tanta vida en este lugar, que felicidad; parece mentira que entre tanta gente en esta ciudad, no tenga a nadie con quien compartir…”. Y el único problema con un lugar tan bello y con el delicado viento cálido y húmedo que pocas veces se tiene en Texcoco es no tener a nadie con quien compartirlo, tener que caminar solo de nuevo, vagando únicamente conmigo y mi alter ego abochornado, fantaseando con tener a una delicada chica que pueda compartir ese simple y sutil gusto conmigo llamado vida, y que comparta mi idea de que todo eso se puede expresar en un bello árbol, en una gota de lluvia, en un beso o hasta en la sonrisa de un niño. Y sigo vagando solo escuchando de nuevo el ritmo de mis tacones que resuenan por el torcido callejón de los ebrios y los maltratados; un bar, una cantina y una pulcata, y al final de la calle otra más solitaria y después mi casa. Subo por las escaleras que a esa hora parecieran abandonadas hace años y entro a la soledad de mi familia. Me encierro en mi cuarto, me tiro en la cama y cierro los ojos solo para recordar que mis fantasías no son ciertas, que mi soledad es real, y que si me esforzara podría hacer algo para cambiarlo…
…si es que en verdad me interesara cambiar mi aburrida soledad…
lunes, julio 04, 2005
Poesia
Pues ayer, platicando con una muy buena amiga y recordando algunas cosas, me di cuenta de algo en mí que no me agrada. Me di cuenta de que caí en eso para protegerme, que es simplemente un escudo que pongo delante de mi para que las personas no me ataquen, para que no me lastimen; pero definitivamente la espada, que está hecha del mismo material, es desenfundada de vez en cuando y no solo me previene, si no que aparta a todo el mundo de mi alrededor. Esta señorita me ayudó un poco a darme cuenta de que esa espada está siendo esgrimida con mayor continuidad últimamente. El choko me dijo hace poco que me cierro mucho, y yo le dije que no es que me cierre, si no más bien que he olvidado lo que es el amor. Creo que todo esto se relaciona, y Fer me dijo que si me vuelvo indiferente voy a terminar frío y alejando a todo mundo de mi, como el. Todo esto descansa en mi cerebro, tratando de ser procesado para después utilizarlo.
Hace un rato me eché en la cama. No tenía ganas de prender la TV, ni de cambiarme la ropa con la que me duermo, ni de tender la cama, ni de almorzar, y lo más preocupante es que no tenía ni ganas de escuchar música. Me puse a pensar en mí, en lo que me dijeron anoche, en lo que he cambiado, en lo que era, en miles de cosas sobre mi vida, y de pronto recordé un bello poema de Jaime Sabines. Me levanté de un salto busqué entre mis libros: Jaime Sabines, “Recuento de Poemas I”, “Yuria” y “Poemas Sueltos”. Nunca encontré el poema, por que en realidad nunca lo recordé. Recordé solo el sentimiento que me traía al leerlo, y sabía que si lo volvía a leer lo reconocería al instante por que me sentiría igual. Pero me llevé una gran sorpresa al darme cuenta de que muy a pesar de todo lo que leía, no experimentaba sentimiento alguno. Mis estado de ánimo no cambiaba, no me emocionaba, no sentía nada al recordar a tía chofi, al Mayor Sabines o a Tarumba. Y me di cuenta entonces de que tenía un problema aún mayor de lo que pensé, y me pregunté ¿en que momento olvidé lo que es la poesía?, ¿Cuándo dejé de amar? ¿Cuándo comencé a alejar a todo el mundo de mi?. Y entonces llegaron a mi corazón las palabras del choco y del fer finalmente procesadas. Me tumbé a ver X 1999 y luego a leer a García Marquez, y al darme cuenta de que no podía razonar muy bien, decidí que lo mejor sería salir a caminar bajo la ligera lluvia de la tarde…
Solo por recordar la poesía decidí escribir un poema que yo recuerdo que me gustaba mucho, y ojaá pronto recupere mi gusto por la poesía, por que aunque en la actualidad no le encuentro sabor, se que sigue siendo hermosa:
"20 poemas de amor y una canción desesperada"
Me gustas cuando callas por que estas como ausente
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas estan llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estas como distant
y estas como quejandote mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza;
dejame que me calle con el silencio tuyo.
Dejame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, símple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada
tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas por que estas como ausente
distante y dolorosa como su hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.