miércoles, julio 27, 2005

Sick

Abro los ojos. Son las seis y media de la mañana. Hace mucho frío. No quiero moverme. Apenas me he podido dormir hace una hora y no quiero dejar el lecho. Me duele la cabeza y me siento cansado. Ya tengo una falta en esta clase así que no puedo faltar. No quiero ir.

Me incorporo en la oscuridad buscando los huaraches a palpos. Me levanto y agarro el primer pantalón y la primera playera limpios que veo para cambiarme. Tengo los labios partidos. Enciendo la luz y me pongo los calcetines y los zapatos. Todo se ve borroso y misterioso. Abro el refrigerador para almorzar y solo saco la leche. Me sirvo unos fabulosos corn pops y como. Agarro las 3 libretas de arriba sin importar si son o no las de hoy y las meto a la mochila. Me despido de mi madre y salgo de la caza, y al cerrar la puerta me doy vuelta y comienzo a tocar. Me abre mi madre envuelta en su bata azul y yo entro hasta mi cuarto por las llaves, el dinero y el teléfono celular por si acaso. Camino por las calles con tranquilidad, a pesar de que es un poco tarde. Me bajo del micro a las 7:30 y avanzo bajo el cielo gris y la mañana fría. Camino con calma a pesar de que la clase ya a empezado. Al llegar a la DICIFO me doy cuenta de que me he olvidado el horario y decido buscar el salón al azar. Lo busco en el lugar correcto y no tardo mucho para entrar. Pido permiso y al ver al profesor demasiado entretenido en la clase, me respondo yo mismo y entro.

Dentro, un hombre delgado y poco alto da una charla. Habla sobre las lecturas y las exposiciones, y el modo de evaluar. Me reconforta el hecho de que “nadie debe estar ahí por obligación” y que no pasa lista nunca. Parece un hombre alegre y contento de dar clases. Siento demasiada congestión nasal y salgo al jardín a sonarme con papel. Me quedo un rato sentado bajo un frío pirul y decido regresar al salón. Entonces veo salir a Miriam y al preguntarle a donde va me dice que solo a ver como estoy. Nos quedamos afuera platicando un rato. Me da la excelente noticia de que mañana entramos a las 9:30. Volvemos al salón y un rato después y hablando sobre la segunda guerra mundial termina la clase. Salimos todos en bola como siempre. Le pregunto a Heriberto si mañana no habrá genética y me da la respuesta que yo esperaba. Espero que pasen todos mis compañeros y me dirijo a la parada de los micros.

Los párpados me pesan y me siento muy cansado. Llego a la casa y mi madre aún está en la casa. Me dice que me haga un agua de Limón y que me cuide, luego se despide de mí. Me quedo solo en la casa con mis desesperantes virus inertes. Entro a mi cuarto, prendo la computadora, abro el Bit Torrent e inmediatamente después me quedo dormido.

Alrededor de las dos de la tarde me despierto. Todo parece borroso. Al parecer no había dormido tan bien en mucho tiempo. Y tampoco había actuado con tanta calma, paciencia y tranquilidad en mucho tiempo. Me dedico a hacerme de comer y a hacer mi agua de limón. Termino de comer y me dedico a escribir sobre la paciencia y tranquilidad. No quiero dormir por que sería una perdida de tiempo. Luego decido que estoy demasiado cansado, que no me siento bien y que sería mejor descansar, así que vuelvo a tirarme en la cama para dormir. Abro los ojos nuevamente y decido que si salgo a la calle puede ser fatal para mi, por lo que no iré a mi clase de ingles en un día tan nublado y en el estado en que estoy. Me revuelco en la cama y decido levantarme un rato.

El agua de limón me arde en la garganta como si tuviese heridas interiores. El día está gris y nada parece ser normal. Las figuras se dibujan como sombras borrosas que apenas alcanzo a entender. El aire es sucio y no puedo respirar muy bien. Las voces de las personas a lo lejos son como ecos lejanos y miserables. Nada tiene sentido. Si cierro los ojos para tratar de dormir, veo a una mujer jugando conmigo. Y entonces no me dan ganas de abrirlos. Me veo jugar con ella en un pasillo entre una piscina y un gimnasio, peleando alegremente por su pulsera con “ojitos” que tiene puesta en una muñeca. Algunas de sus compañeras nos observan curiosamente y lanzan risitas ofensivas, pero no nos importa, seguimos jugando. Y el mismo juego nos coloca en una posición de la que jamás quisiera salir. La abrazo por la cintura y coloco mi cabeza sobre su hombro. Estoy seguro de que si no hubiese tanta gente la besaría sin piedad. Pero como no puedo me siento mal y trato de separarme; pero al parecer mi brazo ah quedado atrapado entre su delicado pero fuerte brazo que no quiere que la suelte. Entonces la abrazo con más fuerza para demostrarle que no quisiera dejarla nunca, que quisiera tener su delicado cuerpo de muñeca pegado al mío para siempre, que podría darle todo lo que me pidiera para fundirnos en un solo y viajar por zonas nunca exploradas por seres humanos, por zonas que solo pueden ser vistas por locos extraños como nosotros y demostrarle que a mi lado puede caerse el mundo entero, pero aún así no permitiría que nada la tocase. Veo su bella sonrisa de niña y su profunda mirada misteriosa. Respiro de su suave aroma y me doy cuenta de que no abrazo a una niña, si no a una señorita, o a una hermosa mujer. Me lleno de miedo por el recuerdo y abro los ojos inmediatamente. La enfermedad ha hecho de las suyas trayendo algunos recuerdos de antaño; por un lado tengo mucho que agradecer, pero por otro tal vez no quería recordar algo así. Vuelvo a mi habitación solo con el pesado aire sucio que tanto me molesta y viendo todo borroso otra vez. Y así envuelto en virus de gripa y malestares psicológicos, recuerdo como estúpidamente me enamoré de esa bella y extraña mujer.

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