"En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma"
domingo, noviembre 14, 2010
El ritual
Sólo necesitaba un poco de soledad, amargura en el corazón, algo de hueco, vacío, despejar la mente, y el clásico y olvidado ritual de fumarme unos cigarros sin filtro acompañados por una coca cola, ritual solamente requerido en las largas horas de manejo hacia Tlapa de Comonofort. Entonces el mundo volvió a brillar. Pero que digo, si nada brillaba, cuando brillaba no podía escribir. No, todo volvió a su clásica opacidad. Ese tono opaco con el contorno lustroso, no brillante para nada, sólo lustroso, pues es lo que hace vaciar tu mirada sobre tal o cual cosa, tan objetivamente, que la mente empieza a caminar, luego a correr, se impulsa y de pronto, te encuentras volando entre las luces de los automóviles ruidosos, los pasos de la gente promedio, el cálido ritmo del danzón oscilando entre las hojas de los árboles, cayendo por el frío viento característico del otoño novembrino. El frío, ese frío. La mayor y mas ahorcada de las melancolías. Esa época de soledad asistida por personas que ahora están demasiado lejos de mí. Pero que, sin embargo, hoy me reconforta cálidamente con sus recuerdos ardientes, como si de nuevo encendiera ese pequeña flamita llamada soledad. Pues es lo que ocurre. Y de nuevo, las palabras llegan a mi cabeza, como abejas insistentes zumbando en mi cerebro, como exigiendo que las deje salir, como implorando este teclado en su extraño lenguaje que sólo yo entiendo. Y que no tiene ningún sentido para nadie mas. Pero que me aliviana el corazón al grado tal de que puedo volver a volar.
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