No se que hace esto aquí, creo que nunca te lo mostré, pero aquí esta, por si quieres echarle un vistazo, lleva 4 años ahí, 4 años empolvandose tras un aparador, viendo gente pasar, gente que por casualidad encuentra en google este blog cuando busca esa canción de L'arc en ciel, o la del zepelin de plomo, o la de los creedence. Solo lo ven de paso, como cualquier otro trasto de aparador, empolvándose, intocable, inalcanzable. Hace tiempo era mas accesible, mas centrado, mas parte de mi y, por lo tanto, mas parte de mi gente, de los que me rodeaban, de los que estaban aquí. Hoy ya no siento, o al menos no como antes, hoy estoy mas frío y sin embargo, mas lleno de amor. Quizá es solo culpa de esta estabilidad relativa que últimamente me produce Diana, esa estabilidad que me hace desconocerme a mi mismo. Por que todos esos trastes se quedaron ahí, en una caja. Y aunque los saque ahora y los desempolve un poco, ya no recuerdo como usarlos, ya no me quedan, se quedaron chicos, tanto que ni siquiera la sintaxis, ni siquiera mi prosa poética de antaño, ni siquiera nada.
"Hubieras estudiado letras teo" me decían, hubieras pero no lo hice. Y ahora soy un ingeniero, menos cuadrado y menos orgulloso que el promedio, pero no puedo salirme de esta subcultura chapinguera de una Ingeniería, de querer arreglar las cosas, de querer dejar este mundo mejor. Y olvidar la poesía y las letras, olvidar la música y la guitarra, olvidarla frustración de Dalí con la que tanto me identificaba, la profunda depresión en la que me sumiera Led Zeppellin. Conocer el mundo, volar de su mano, y olvidar. Dejas las cajas cerradas hasta que se me vuelvan a hinchar los talones de tanto trabajar y me vuelva a sentar frente a un computador y vuelva a decir "Oh si, yo tenía un blog, uno donde escribía, donde era feliz". Un mundo dentro de mi submundo, un mundo entero lleno de imaginación, de gloria, de poder. Y ahora...
Ahora no soy mas que un hombre sentado frente a una MacBook escuchando la música de la arrolladora a lo lejos, con sueño pero sin ganas de dormir, con ilusiones pero sin ganas de luchar, con esperanzas pero sin ganas de dar un paso. Un hombre flojo después de todo, que no hizo el menor esfuerzo por levantarse para agarrar la guitarra, papel y lápiz, y comenzar a crear. Después de todo, al hombre le gusta sentirse Dios, y yo no soy una pobre excepción...
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